Epifanía significa, literalmente “manifestación de una cosa”.  Según el Nuevo Testamento, Evangelio de San Mateo, la primera vez que el Niño Jesús se manifestó ante el mundo fue cuando los llamados Reyes Magos, venidos de Oriente, llegaron ante el portal en el que había nacido y lo adoraron, llevándole también algunos presentes que mostraban la importancia del recién nacido: oro, incienso y mirra.

Los Evangelios solo hablan de magos, no dicen en ningún momento que fueran tres, ni que fueran reyes, ni su nombre… Estas ideas se han ido agregando a la tradición popular con el paso de los siglos.

Según la religión católica, estos hombres eran representantes de religiones paganas de pueblos vecinos que venían a reconocer que el niño nacido en un establo era, verdaderamente, el Hijo de Dios. Una estrella los guía desde sus países hasta Belén, lugar donde nace Jesús, buscando al “rey de los judíos” para ofrecerle sus respetos y llevarle tres presentes:

  • Oro: el material de los reyes, digno de Jesús ya que Él es el Rey de Reyes.
  • Incienso: básico en las ofrendas que se hacían a los dioses, para mostrar que también es Dios.
  • Mirra: material que se usaba para embalsamar los cuerpos de los difuntos, lo que hace referencia al hecho de que Jesús venía al mundo para morir por la humanidad.

Probablemente el hecho de que fueran tres regalos hizo que se acabara creyendo que eran tres los magos que fueron a adorarle.

Además, en los llamados Evangelios Apófrifos, los que no se han recogido en La Biblia, se dan más datos sobre ellos. En el Evangelio del Pseudo Tomás (o Evangelio de la infancia), del siglo II, se dice que llegaron con tres legiones de soldados: una de Persia, otra de Babilonia y otra de Asia. Según interpretaciones posteriores, los Magos fueron considerados originarios de Europa, Asia y África, respectivamente.